martes, 8 de septiembre de 2009

Cavallino Rampante


Es un sàbado con uno de esos climas donde se està còmodo tanto en remera como con un leve abrigo.

Es un sàbado con una de esas fechas donde uno recuerda, al restarle al calendario mùltiplos de 365, què estaba haciendo y dònde: en 1993, un 5 de Septiembre la Selecciòn Argentina de fùtbol perdìa por 5 goles en el estadio Monumental contra su par colombiana. Huelga decir que ese domingo yo me encontraba frente al televisor, viendo con 14 abriles por primera vez còmo la Selecciòn campeona del Mundo de 1986 y subcampeona en 1990 ahora debìa competir por una plaza en USA 94' contra los australianos.

Es un sàbado con uno de esos eventos que dejan un señalador indeleble en las pàginas de la historia de una persona. Esos mismos eventos que conjugan en un mismo episodio condiciones humanas como la generosidad, la euforia, la alegrìa, la confianza, la bondad, el agradecimiento, el coraje, la seguridad en uno mismo. En definitiva, de esos que nos hacen tachar una materia en la carrera que todos seguimos, conscientes o no: la de sueños a cumplir.

Vuelvo a casa no importa de dònde, al entrar al edificio noto màs gente de la habitual reunida en el estacionamiento para invitados en la planta baja. Un color rojo magnètico los agolpaba alrededor de un bòlido mìstico, una màquina de potencia descomunal pero de belleza narcòtica que ataca todos los sentidos al observarla y màs aùn al escucharla.




No voy a explayarme en lo que significa una Ferrari, tema abarcado por libros, documentales, sitios web, pelìculas, etc. Si empiezo con eso serìa mejor googlear "Ferrari + mito + frases" y no perder tiempo acà.

La cuestiòn es que una vez dentro del edificio, en cuestiòn de segundos ya estoy hacièndome eco de los "mmmpresionantt", "què locura", "nabelleza", y demases. Tìmidamente le pregunto al dueño si le puedo sacar unas fotos con mi celular, a lo cual accede de buena gana. Lo voy a imitar y de buena gana adjunto el resultado acà:







Satisfecho por mi material obtenido, agradezco y enfilo hacia mi departamento. En mi caminar reviso las fotos sacadas, feliz por lo bien que se ven, al menos en la pantalla del celular.

A manera de despedida, retrato lo que veo en ese momento a la distancia:





Tratando de autoconvencerme de que ya era suficiente, retomo el regreso. Pero algo no me deja avanzar en paz. No se què es, pero la cuestiòn es que ahi me tienen de nuevo, comentando con la gente las bondades de la Ferrari, y escuchando las anècdotas del dueño relacionadas en su mayorìa con la ferocidad del motor.

A los pocos instantes de mi segundo andar itinerante por el rojo bòlido, mi padre se suma a los espectadores y entre los dos comentamos, ahora en un grupo aislado, diversas cualidades del vehìculo apelando en mi caso ya a palabras soeces, al agotàrseme los calificativos polìticamente correctos.

Se nos suma el dueño, quien ante las continuas felicitaciones tiene un gesto que mis glàndulas suprarrenales traducen en un shock de adrenalina que me deja en la situaciòn que los especialistas llaman "fight or flight": sosteniendo las llaves frente a mi cara, me dice "sacala una vueltita... dale... por Libertador... si total es un auto, es un auto"

Al ver esas llaves como el instrumento que me dejarìa pilotear tremenda nave, mi respuesta consciente automàtica es un "uh gracias pero la verdad es que no me animo" (flight), ya que al menos en mi caso yo no veo a la Ferrari como un auto sino como una màquina mìtica que andà a saber còmo corno se maneja.

Pero mi respuesta inconsciente (fight) es la de encarar hacia el asiento del conductor, aceptarle las llaves y sentarme con la ìntima convicciòn de que cueste lo que me cueste a nivel nervios, dudas y fantasmas, voy a salir a la calle y me voy a demostrar capaz de mantenerme lo suficientemente calmo y seguro como para salir manejando un vehìculo de esas caracterìsiticas, prestado por un pseudo desconocido.

Una vez que mi padre se sube como acompañante, que las puertas del edificio se abren para que salgamos, y que escucho el estruendo de los 400 caballos del motor V8 al acelerar en punto muerto parados en el primer semàforo, el sueño de manejar una Ferrari ya es un hecho, con todo lo que eso significa.

El resto es anècdota: el sonido, la aceleraciòn, la sensaciòn de que te està observando hasta el mozo del bar que està a 10 cuadras, ir pegado casi acostado al piso, el limpiavidrios pidiendo una moneda, los bocinazos.

Yo ya era feliz con los primeros 10 metros.